El arte de perder

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El objeto que en esta fotografía sostiene mi mirada lo perdí en Buenos Aires el año 2016. Trabajaba en ese entonces en DuocUC y fui beneficiada con una beca parcial para viajar al Encuentro Latinoamericano de Diseño que organiza la Universidad de Palermo. Había postulado con una propuesta de Taller para llevar a cabo en el contexto del evento. En ese periodo impartía un curso electivo de encuadernación en la carrera de Diseño así es que consideré pertinente enseñar una estructura de libro experimental atractiva: el Flagbook. El año anterior había viajado por mi cuenta al Encuentro y aproveché de tomar clases con un destacado encuadernador: el maestro Eduardo Tarrico; traje en esa oportunidad telas de encuadernación y alfajores para la familia, como corresponde. Me entusiasmó la idea de volver y retribuir lo que me dio Buenos Aires la primera vez.

El taller funcionó muy bien, seguro existieron imágenes, pero las he perdido, perdí el mail institucional que usé para compartirlas a la vuelta a modo de “evidencia”, solo tengo la pieza gráfica que se usó para difundir y una mención en las memorias del Encuentro. Lo que me costó superar es que en esa instancia perdí uno de los ejemplares que llevé de referentes. Es el objeto que concentra mi atención en la fotografía de inicio y del cual no tengo más registros salvo los que están en mi memoria. Durante un tiempo atribuí la pérdida a una cuestión mística: necesitaba dejar algo a cambio de los pasajes que recibí, algo material, dirigir un taller no era suficiente; sin embargo, la pérdida seguía doliendo, el objeto tenía un valor especial, lo había hecho integrando fotografías análogas, imágenes que había usado en la entrega de Taller al finalizar mi primer año de carrera.

Con el tiempo he ido aprendiendo el arte de perder, en esto ha ayudado conocer el poema de Elizabeth Bishop (1911-1979), poema que leí por primera vez gracias a una estudiante que lo escogió para trabajar en un proyecto de mi clase. Lo comparto mientras voy perdiendo la vergüenza de contar historias que pueden resonar banales.

Un arte1

El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Tantas cosas parecen empeñadas
en perderse, que su pérdida no es un desastre.

Pierde algo cada día. Acepta el tumulto
de llaves de puertas perdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.

Practica entonces perder más aún, y más rápido:
lugares, nombres, y el sitio al que se suponía
que viajarías. Nada de esto será un desastre.

Perdí el reloj de mi madre, y -¡mira!- la última, o
penúltima de tres casas que amaba se fue.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.

Perdí dos ciudades, ambas adorables. Y, más ampliamente,
algunos sitios de los que era dueña, dos ríos, un continente.
Los echo de menos, pero no fue un desastre.

-Hasta al perderte a ti (la voz bromista, un gesto
de amor) no habré mentido. Es evidente que
el arte de perder no es demasiado difícil de adquirir
aunque parezca por momentos (¡Escríbelo!) un desastre.

  1. Fernando Pérez Villalón ha hecho posibles tres traducciones para el poema de Elizabeth Bishop. He publicado la que más me gusta, puedes leer las otras y el poema en su versión original en el sitio letrasenlinea https://letrasenlinea.uahurtado.cl/elizabeth-bishop-el-arte-de-perder/ ↩︎